Revista del Archivo Nacional de Costa Rica
ISSN 2215-5600
Vol. 89, 2025: e1085
Del 1 de enero al 31 de diciembre 2025
www.archivonacional.go.cr/RAN
Gestión cultural y patrimonio: el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría como guardián de identidades y memorias costarricenses, 1974–2024
Cultural Management and Heritage: The Juan Santamaría Historical and Cultural Museum as a Guardian of Costa Rican Identities and Memories, 1974–2024
Recibido el 05 de agosto de 2025. Aprobado el 09 de diciembre de 2025.
Adrián Esteban Chaves Marín
Educador del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, Alajuela, Costa Rica.
Máster en Historia Aplicada con énfasis en Historia del Poder y Control Social de la Universidad Nacional de Costa Rica.
https://orcid.org/0000-0002-1218-296X
Resumen. Este artículo examina la trayectoria del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría (MHCJS) entre 1974 y 2024, destacando su papel en la preservación de la memoria de la Campaña Nacional de 1856–1857 y en la resignificación de los espacios patrimoniales de Alajuela. Se analizan las estrategias institucionales de conservación y salvaguardia del patrimonio, educación y mediación cultural, participación comunitaria e innovación en la gestión de recursos culturales. Asimismo, se aborda la evolución de las políticas culturales costarricenses y el impacto del MHCJS en la construcción de identidades locales y nacionales. Finalmente, se plantean los retos futuros de sostenibilidad, digitalización y democracia cultural como ejes para fortalecer su proyección en la sociedad costarricense.
Palabras clave. Gestión cultural; patrimonio cultural; identidad cultural; memoria colectiva; educación; innovación; participación comunitaria; conservación y salvaguardia; democracia cultural.
Abstract. This article examines the trajectory of the Juan Santamaría Historical and Cultural Museum (MHCJS) between 1974 and 2024, highlighting its role in preserving the memory of the National Campaign of 1856–1857 and in the re-signification of Alajuela’s heritage spaces. The study analyzes institutional strategies of conservation and safeguarding of heritage, cultural education and mediation, community participation, and innovation in cultural resource management. It also addresses the evolution of Costa Rican cultural policies and the impact of the MHCJS in shaping both local and national identities. Finally, the article outlines future challenges related to sustainability, digitalization, and cultural democracy as key axes to strengthen its projection within Costa Rican society.
Keywords. Cultural management; cultural heritage; cultural identity; collective memory; education; innovation; community participation; conservation and safeguarding; cultural democracy.
1. Introducción
A lo largo de la historia, los espacios físicos han sido testigos silenciosos de los cambios sociales y políticos de una nación. En Costa Rica, el antiguo Cuartel y la Cárcel de Alajuela, construidos en el último cuarto del siglo XIX, representan un claro ejemplo de esta transformación. Lo que en su origen fueron lugares de control y castigo, hoy albergan instituciones orientadas a la educación y la cultura, entre ellas el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría (MHCJS).
El MHCJS fue fundado el 4 de diciembre de 1974 mediante la Ley No. 5619 y desde entonces se ha consolidado como un epicentro de educación, memoria y cultura. A través de exposiciones, programas educativos y actividades culturales, el museo trasciende la mera conservación de documentos y objetos históricos y promueve un diálogo intergeneracional sobre el pasado costarricense y su impacto en el presente. Su especialización en la memoria de la Campaña Nacional de 1856–1857 y en las identidades locales alajuelenses lo distingue como un espacio de referencia en la gestión cultural costarricense.
Además de preservar la memoria de la gesta heroica, el MHCJS ha desempeñado un papel clave en la divulgación y protección de expresiones artísticas, tradiciones locales y patrimonio inmaterial de la comunidad. Su labor se inscribe en las dimensiones reconocidas internacionalmente de la gestión cultural: conservación de bienes materiales, salvaguardia del patrimonio inmaterial, educación y mediación cultural, participación comunitaria e innovación para la sostenibilidad. Estas acciones han fortalecido su impacto, convirtiéndolo en un espacio que no solo resguarda la historia, sino que también fomenta el sentido de pertenencia y apropiación cultural.
En diciembre de 2024, el MHCJS celebró cincuenta años de trayectoria y reafirmó su papel como referente en la gestión cultural de Costa Rica. Durante este periodo desarrolló iniciativas que acercaron el patrimonio histórico y la identidad nacional a la ciudadanía y cumplió con su misión educativa y de preservación. Como parte de la metodología de este estudio, se recopilaron y digitalizaron imágenes de los archivos fotográficos del museo, evocando la experiencia de los álbumes familiares. Esta estrategia busca generar un vínculo entre pasado y presente y permite que las generaciones actuales conecten con la memoria visual del MHCJS y su impacto en la comunidad.
El desafío actual consiste en asegurar su expansión y consolidación, fortalecer sus recursos y adoptar nuevas estrategias de divulgación para continuar siendo un espacio vital en la construcción y preservación de la memoria colectiva costarricense. La correcta conservación de los bienes materiales y la salvaguardia de las identidades y del patrimonio inmaterial son esenciales para garantizar que las futuras generaciones reconozcan, valoren y se apropien de su legado histórico, promoviendo el sentido de pertenencia y el respeto por la diversidad cultural en el marco de la democracia cultural.
2. Gestión cultural y patrimonio: Museos como espacios de memoria e identidad
La gestión cultural es un campo interdisciplinario y dinámico, orientado a la preservación, promoción y dinamización del patrimonio cultural. Su propósito es garantizar el acceso equitativo a la cultura, fortalecer la identidad colectiva y fomentar la participación ciudadana en la construcción de la memoria histórica.
Más que una tarea administrativa, la gestión cultural es un proceso en constante evolución, adaptándose a los cambios sociales y tecnológicos para asegurar la continuidad y relevancia del patrimonio en la vida cotidiana de las comunidades. Su desarrollo permite que el legado histórico trascienda la mera conservación y se convierta en un recurso activo, fortalecido a través de la interacción comunitaria y la creatividad cultural (Querol-Fernández, 2010, p. 45).
Para su aplicación efectiva, la gestión cultural se estructura en cuatro dimensiones fundamentales: a) La conservación del patrimonio garantiza la preservación de bienes culturales, tanto materiales como inmateriales, asegurando su accesibilidad para futuras generaciones mediante procesos de restauración, documentación y revitalización de prácticas ancestrales. b) La educación y mediación cultural complementan esta labor, facilitando la comprensión y apropiación del patrimonio mediante estrategias pedagógicas, exposiciones interactivas y programas educativos que fomentan el diálogo intergeneracional.
Según Villanueva-Romero (2016), c) la participación comunitaria es fundamental para la resignificación y fortalecimiento del patrimonio, permitiendo que el legado histórico se viva y no solo se preserve, a través de iniciativas colaborativas, investigaciones ciudadanas y eventos culturales. A su vez, d) la innovación y sostenibilidad garantizan su proyección hacia el futuro, mediante la digitalización de archivos, la diversificación de fuentes de financiamiento y estrategias adaptadas a los desafíos contemporáneos. En este proceso, el correcto respaldo y conservación de los archivos y colecciones institucionales resulta esencial para asegurar la integridad, accesibilidad y protección del patrimonio documental y cultural. “La implementación de protocolos de conservación, almacenamiento adecuado y digitalización permite preservar estos recursos de manera segura, facilitando su consulta y garantizando su disponibilidad para futuras generaciones” (Villanueva-Romero, 2016, p. 45).
En un contexto donde la identidad y el patrimonio enfrentan desafíos constantes, los museos no solo deben preservar la memoria histórica, sino también fortalecer su vínculo con la comunidad. La gestión cultural, con sus dimensiones de conservación, educación, participación e innovación, garantiza que el patrimonio se mantenga dinámico y accesible (Jamett-Pizarro, 2018). En este sentido, el MHCJS ha demostrado que su labor va más allá de la custodia de objetos históricos, consolidándose como un espacio de diálogo, apropiación cultural y proyección hacia el futuro. Asegurar su consolidación y expansión es clave para continuar construyendo memorias colectivas y reafirmando las identidades costarricenses.
Figura 1. Antigua Cárcel de Alajuela, sede del MHCJS

Nota. Fotografía de Max López Rodríguez, ca. 2005. Archivo MHCJS.
3. De la memoria nacionalista a la pluralidad cultural: políticas culturales en Costa Rica, 1848-1971
La gestión cultural en Costa Rica no puede entenderse como un fenómeno originado en el siglo XIX, pues el concepto se acuñó hasta la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, desde 1848 el Estado promovió la consolidación de una memoria nacional, vinculada a la proclamación de la República, la afirmación de la autonomía política y la construcción de una identidad colectiva. Como parte de este proceso, se institucionalizó el 15 de septiembre como fecha oficial de la independencia, estableciendo conmemoraciones y espacios simbólicos que reforzaron la cohesión social y legitimaron la autoridad estatal y sus instituciones (Díaz-Arias, 2021).
El Ejército desempeñó un papel central, no solo como garante del orden y del control social, sino también como instrumento de legitimación del poder estatal. Su protagonismo se consolidó con los enfrentamientos bélicos de 1856–1857, cuando Costa Rica se movilizó contra la amenaza filibustera en Nicaragua. Posteriormente, el gobierno de Juan Rafael Mora Porras impulsó homenajes públicos a los combatientes desde 1858, fortaleciendo la memoria patriótica y la identidad nacional (Corella-Ovares, 2018).
Entre 1870 y 1930, las élites liberales promovieron la modernización del Estado y una identidad basada en el progreso, la educación secular y científica, y la memoria histórica. En 1880, este modelo se materializó con una reforma educativa que consolidó instituciones de enseñanza media, como el Liceo de Costa Rica y el Colegio Superior de Señoritas en San José; el Colegio San Luis Gonzaga de Cartago, el Liceo de Heredia y el Instituto de Alajuela. Estas iniciativas fomentaron una ciudadanía con sentido de pertenencia estatal. Paralelamente, la preservación de la memoria cívica se reforzó con la creación del Archivo Nacional (1881), el Museo Nacional (1887) y la Biblioteca Nacional (1888), instituciones dedicadas a la conservación del patrimonio documental y cultural del país (Fumero-Vargas, 1995).
Desde la década de 1890, la construcción de monumentos en espacios públicos urbanos reafirmó la narrativa nacionalista. La estatua de Juan Santamaría en Alajuela y el Monumento Nacional en San José fueron develados el 15 de septiembre, el primero en 1891 y el segundo en 1895, vinculando la conmemoración patria con la memoria de la guerra de 1856–1857. Estas obras consolidaron la representación heroica del conflicto, convirtiéndolo en un pilar esencial en la construcción de las identidades nacionales y en la legitimación del Estado y la memoria colectiva (Lemistre-Pujol, 1988).
La memoria de estos acontecimientos bélicos fue consolidada bajo la denominación de Campaña Nacional de 1856–1857, estableciéndose como símbolo de resistencia y unidad nacional. Su institucionalización, mediante discursos oficiales, celebraciones patrióticas y enseñanza de la historia, permitió que las generaciones futuras reconocieran el papel del Ejército y del Estado en la configuración de la identidad costarricense (Viales-Hurtado, 1995).
Tras la abolición del Ejército en 1948, Costa Rica consolidó un Estado civil que priorizó la inversión en educación, cultura y desarrollo social sobre el gasto militar. Este cambio redefinió la acción cultural del Estado, promoviendo políticas públicas orientadas a fortalecer el conocimiento, la paz y la participación ciudadana, e impulsando el desarrollo de instituciones educativas y culturales. A partir de este proceso, prevaleció un consenso ciudadano que respaldó la construcción de un modelo basado en la democracia, el acceso equitativo a la cultura y la preservación del patrimonio histórico, consolidando las identidades nacionales y el compromiso social con las memorias colectivas.
Figura 2. Develación del Monumento Nacional en
San José
Nota. Archivo Fotográfico del MHCJS, 15 de septiembre de 1895. Autor desconocido.
Ejemplo de esta transformación fue la propuesta del entonces director del Museo Nacional, Rómulo Valerio Rodríguez (1907–1998), quien sugirió trasladar la institución al antiguo Cuartel Bellavista en San José. En respuesta, el 22 de mayo de 1948 se autorizó el uso del edificio como museo, consolidando la transición de un espacio militar a un centro de investigación y conservación del patrimonio histórico. Además, el Museo Nacional, hasta entonces bajo la administración de la Universidad de Costa Rica, pasó a formar parte del Ministerio de Educación Pública, fortaleciendo su misión de preservar y divulgar la historia nacional (Ibarra-Rojas, 2016).
La creación del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes (MCJD) en 1971, mediante la Ley No. 4788 publicada en el Diario Oficial La Gaceta el 17 de julio, representó un hito en la consolidación de políticas culturales estructuradas en Costa Rica. Su establecimiento permitió centralizar la gestión cultural, asumiendo funciones que anteriormente recaían en el Ministerio de Educación Pública. Entre ellas se incluyeron entidades clave como la Dirección General de Artes y Letras, la Dirección General de Educación Física y Deportes, la Editorial Costa Rica, el Museo Nacional, la Orquesta Sinfónica Nacional y los Premios Nacionales Magón, Aquileo J. Echeverría y Joaquín García Monge. Asimismo, la Dirección General de Bibliotecas y el Teatro Nacional fueron adscritos al MCJD, facilitando una mayor articulación cultural. Como parte de su estructura, el Viceministerio de la Juventud asumió la responsabilidad de elaborar una política pública nacional para la juventud, coordinada con el Sistema Nacional de Juventud, con el objetivo de promover su integración al desarrollo nacional y garantizar la atención de sus necesidades y problemáticas (Cuevas-Molina, 1995).
4. De la autoridad militar a la gestión cultural: transformaciones en los usos y ocupación humana del Cuartel y Cárcel de Alajuela, 1875-2005
Los edificios del Cuartel y la Cárcel de Alajuela reflejan los cambios en la gestión cultural y patrimonial de Costa Rica. Desde su construcción en el último cuarto del siglo XIX, estos inmuebles han sido espacios clave en la afirmación del orden público y la soberanía nacional. Con el tiempo, evolucionaron de sitios de disciplina militar y control social a convertirse en centros de educación y cultura ciudadana.
Con la abolición del ejército en 1948, sus usos fueron redefinidos dentro del proceso de consolidación de un Estado civil, orientado a fortalecer la memoria histórica y las identidades nacionales mediante su reutilización para fines educativos y culturales (Corrales-Ulloa & Cubero-Barrantes, 2005). Desde entonces, estos edificios han sido ocupados por diversas instituciones, lo que permitió su resignificación dentro del panorama social y cultural costarricense, tanto a nivel local como nacional.
El Cuartel de Armas de Alajuela, edificado entre 1875 y 1879 bajo el diseño del arquitecto suizo Gustave Casallini, fue el punto de partida en el proceso de modernización urbana del centro histórico de la ciudad. Su estructura de dos plantas, concebida como una fortaleza militar, se convirtió en un referente arquitectónico y sentó las bases para la reorganización del espacio urbano, consolidando a Alajuela como un eje estratégico y cultural en el país (Villegas-Hoffmeister, 2006).
Figura 3. Ilustración del Cuartel de Alajuela
Nota. Revista Costa Rica Ilustrada, Año II, Tomo II, Número 8, San José, 25 de enero de 1889. Autor desconocido.
La autoridad militar del Estado costarricense lideró esta transformación, impulsando el desarrollo de infraestructura pública, la reorganización del espacio urbano y la consolidación de su centro histórico. Como parte de este proceso, se promovió la construcción de vías, plazas y edificios gubernamentales, donde la estatuaria pública adquirió un papel simbólico al conmemorar figuras históricas y eventos clave en la identidad costarricense.
Tras la abolición del ejército en 1948, el edificio fue cedido a la Guardia Civil, que lo utilizó como Comandancia hasta 1959. Posteriormente, en un giro hacia la educación, el inmueble albergó desde 1960 el Colegio Técnico Profesional Jesús Ocaña Rojas, promoviendo la formación técnica en áreas como mecánica, electricidad y ebanistería (Colegio Técnico Profesional Jesús Ocaña Rojas, s.f.).
En 1976, tras la inauguración de su nueva sede en Canoas de Alajuela, el Colegio Vocacional Jesús Ocaña Rojas cedió el antiguo Cuartel para la creación del Centro de Investigación y Perfeccionamiento para la Educación Técnica (CIPET). Durante casi tres décadas, este inmueble funcionó como espacio de formación docente y especialización en educación técnica, consolidando su papel en la capacitación profesional. En 2005, el CIPET trasladó sus operaciones a un inmueble propio y más adecuado, situado en la comunidad de Desamparados de Alajuela, fortaleciendo su gestión educativa (Rojas-Jiménez, 2010).
Paralelamente, la Cárcel de Varones de Alajuela, construida entre 1890 y 1894 bajo el diseño del arquitecto militar francés Lesmes Jiménez Bonnefil, complementó el eje de autoridad estatal en la ciudad. Su estructura de gruesas paredes de cal y canto, de aproximadamente seis metros de altura, reflejaba la concepción de la época sobre disciplina, orden y control social. Funcionó como centro penitenciario hasta 1978, cuando Costa Rica implementó el régimen de adaptación social, trasladando las cárceles fuera de los centros urbanos (Aguilar-Piedra, 1995).
Figura 4. Fiesta navideña en la Cárcel de Varones de Alajuela
Nota. Fotografía de José Alberto Rivera Masís, 24 de diciembre de 1960. Archivo Fotográfico del MHCJS.
En 1979, se autorizó que la antigua Cárcel de Alajuela albergara la sede del MHCJS, lo que llevó a su adecuación arquitectónica. Tras los trabajos de remodelación, el museo abrió sus puertas al público en 1980, consolidándose como un espacio de preservación y divulgación del patrimonio histórico costarricense. En 2005, con el inicio del proceso de unificación de los edificios del antiguo Cuartel y Cárcel de Alajuela, el MHCJS amplió su gestión institucional, fortaleciendo su papel como epicentro cultural y educativo (Ruiz-Siles, 2016).
El proceso de resignificación del Cuartel y la Cárcel ha sido clave en la reorganización del centro histórico de Alajuela. Facilitó la integración de espacios culturales y educativos que fortalecen la identidad y el desarrollo urbano. Esta transformación refleja la evolución de la gestión cultural en Costa Rica, que inicialmente fue liderada por la autoridad militar y, con el tiempo, promovió una mayor participación ciudadana a través de la educación y la cultura. En este proceso, la consolidación de espacios de memoria y la diversidad de expresiones culturales han permitido que el patrimonio histórico nacional se integre en un modelo de gestión que reconoce y articula las múltiples identidades del país (Aguilar-Bonilla & Niglio, 2013).
5. Trayectorias del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría: medio siglo de gestión cultural y patrimonial en Costa Rica, 1974-2024
El MHCJS fue creado el 4 de diciembre de 1974 mediante la Ley No. 5619, por iniciativa del exdiputado alajuelense Luis Alberto Salas Corrales (1939–1997), quien impulsó su establecimiento como parte de los esfuerzos por consolidar la gestión cultural en Costa Rica. Desde su fundación, el museo ha sido un referente en la preservación y divulgación del patrimonio histórico, con especial énfasis en la Gesta de 1856–1857. Su labor ha contribuido al fortalecimiento de la memoria colectiva y de las identidades nacionales a través de la educación y la cultura (Ruiz-Siles, 2016).
Asimismo, esta ley representó un hito en la gestión patrimonial costarricense, al dar origen al primer museo bajo la administración del entonces Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes (MCJD). Desde sus inicios, esta cartera ha promovido el reconocimiento e integración de las diversas identidades que conforman el país, ampliando los espacios de representación ciudadana y fomentando la cohesión social (Cuevas-Molina, 1995). La ubicación del MHCJS en Alajuela, en la periferia de la capital, San José, refuerza su papel en la descentralización cultural y su compromiso con la memoria de la Campaña Nacional de 1856–1857, hecho fundamental en la construcción de la identidad costarricense desde la segunda mitad del siglo XIX.
A lo largo de su trayectoria, el MHCJS ha enfrentado diversos desafíos para consolidar su labor educativa y cultural. La búsqueda de una sede permanente, la identificación y resguardo de sus colecciones patrimoniales, así como la optimización de recursos humanos, económicos y tecnológicos, han sido aspectos clave en su gestión. A pesar de estos retos, el museo ha mantenido su compromiso con la divulgación de la historia y las memorias de la Campaña Nacional de 1856–1857, promoviendo además el reconocimiento y la valorización de las culturas e identidades locales alajuelenses.
5.1. Antecedente: Museo Histórico Juan Santamaría (Instituto de Alajuela), 1931-1973
El Museo Histórico Juan Santamaría nació en un contexto de homenaje y reconocimiento. El 29 de agosto de 1931, Alajuela conmemoró el centenario del nacimiento de Juan Santamaría mediante actos públicos en honor al Héroe Nacional y a la Campaña Nacional de 1856–1857. En este marco, el entonces director del Instituto de Alajuela, Teodoro Picado Michalski (1900–1960), impulsó la creación de un museo dentro del centro educativo, con el propósito de resguardar documentos y objetos históricos relacionados con la gesta heroica (Instituto de Alajuela, 1934).
Formalizado en 1932 mediante decreto del Poder Ejecutivo y respaldado por la Subsecretaría de Educación Pública, el museo quedó adscrito al Instituto de Alajuela. Sin embargo, con el paso de los años enfrentó dificultades por falta de financiamiento y gestión, lo que afectó su funcionamiento y propició el saqueo de varias piezas de su colección (Aguilar-Piedra, 1984).
Tras la Guerra Civil de 1948, la Junta Fundadora de la Segunda República trasladó el Museo Nacional de Costa Rica al antiguo Cuartel Bellavista, lo que repercutió en la administración de las colecciones del Museo Histórico Juan Santamaría. En 1956, con motivo del Centenario de la Campaña Nacional, los objetos que aún permanecían en el Instituto de Alajuela fueron trasladados al Museo Nacional, marcando el cierre definitivo del museo (Ruiz-Siles, 2016).
Figura 5. Portada del Primer Catálogo del Museo Histórico Juan Santamaría
Nota. Instituto de Alajuela, Primer Catálogo del Museo Histórico Juan Santamaría, publicado el 11 de abril de 1933. Grabado realizado por Julio Solera Oreamuno. Impresión tipográfica: Imprenta ALSINA (San José). Ejemplar conservado en el Centro de Investigaciones Históricas de América Central (CIHAC), Universidad de Costa Rica.
A pesar de ello, el Instituto de Alajuela conservó algunas piezas, entre ellas la pintura al óleo La quema del mesón de Enrique Echandi, que permaneció en la biblioteca del colegio hasta 1980. Ese año, la obra fue trasladada a la antigua Cárcel de Alajuela, primera sede formal del actual MHCJS.
5.2. Museo Histórico Cultural Juan Santamaría: Primer museo del Ministerio de Cultura,
Juventud y Deportes, 1974-1979
Figura 6. Adecuación del edificio de la antigua Cárcel de Alajuela para sede del MHCJS
Nota. Fotografía de autor desconocido, ca. 1979. Archivo Fotográfico del MHCJS.
El MHCJS fue creado el 4 de diciembre de 1974 mediante la Ley No. 5619, convirtiéndose en el primer museo bajo la administración del recién fundado MCJD. Su objetivo central era conservar y difundir el legado de la Campaña Nacional de 1856–1857, así como promover las identidades culturales de Alajuela mediante exposiciones, actividades educativas e investigación histórica (Ruiz-Siles, 2016).
La creación del museo coincidió con un contexto de transformación económica y social en Costa Rica. En la segunda mitad del siglo XX, el país experimentó un proceso de industrialización y urbanización vinculado al modelo de Sustitución de Importaciones. Este desarrollo intensificó la concentración urbana en el Valle Central, modificó los patrones culturales e incentivó nuevas expresiones de identidad mediadas por la radio, el cine y la televisión. En paralelo, el clima político marcado por la Guerra Fría y las protestas contra ALCOA en 1970 evidenció la urgencia de políticas culturales más inclusivas (Cuevas-Molina, 1995).
En sus primeros años, el museo funcionó en el antiguo edificio de la Gobernación de Alajuela, un espacio limitado y poco adecuado para cumplir con sus funciones museísticas y educativas. Fue hasta 1979 cuando se concretó un cambio trascendental: la antigua cárcel de Alajuela, clausurada un año antes, fue destinada como sede permanente del MHCJS. Esta medida representó un giro significativo en el uso de los espacios patrimoniales, al convertir un lugar históricamente asociado al encierro y al castigo en un centro abierto al conocimiento, la cultura y la memoria colectiva (Corrales-Ulloa & Cubero-Barrantes, 2005).
Figura 7. Anuncio de prensa sobre recepción de ofertas para el MHCJS
Nota. Diario La República, página 28, 15 de septiembre de 1979. Colección de prensa del MHCJS
La transformación del edificio fue posible gracias al impulso del Club de Leones de Alajuela y del arquitecto Luis Abel Gutiérrez Corrales, quien lideró las obras de restauración. Este proceso implicó no solo la recuperación física del inmueble, sino también una resignificación simbólica: de prisión a espacio de memoria colectiva (Aguilar-Piedra, 1984).
Durante sus primeros años, el museo enfrentó dos retos cruciales: consolidar su sede y recuperar las colecciones históricas que, en los años cincuenta, habían sido transferidas al Museo Nacional. Estos esfuerzos permitieron fortalecer su papel como institución cultural descentralizada, al servicio de la ciudadanía.
El MHCJS ha sido fundamental en la descentralización cultural y en el acceso a la historia nacional. Además de su función museística, se ha convertido en un referente académico en la investigación y divulgación histórica (Molina-Jiménez, 2025).
5.3. MHCJS: Epicentro cultural alajuelense, 1980-1998
El 9 de abril de 1980 se inauguró oficialmente la sede del MHCJS en el inmueble de la antigua Cárcel de Alajuela. Este acontecimiento marcó el inicio de una nueva etapa institucional orientada al cumplimiento de su mandato legal, mediante una oferta sostenida de servicios educativos y actividades culturales dirigidas tanto a la comunidad local como al público costarricense en general.
Desde entonces, el museo se consolidó como un referente cultural y académico en el estudio y la difusión de la historia nacional. A través de seminarios, muestras y publicaciones, impulsó la investigación rigurosa y la divulgación del pasado costarricense, con énfasis en la Campaña de 1856–1857. Las salas de exposición permanente fueron concebidas con un enfoque pedagógico, priorizando la formación de públicos estudiantiles. Paralelamente, el Auditorio Juan Rafael Mora Porras se convirtió en un espacio emblemático para conciertos, obras teatrales, presentaciones de danza y ciclos de cine, con participación de artistas nacionales y extranjeros (Cabrera-Geserick, 2025).
Figura 8. Acto oficial de inauguración del edificio del MHCJS
Nota. Fotografía de Jorge De Sandozequi, 9 de abril de 1980. Archivo Fotográfico del MHCJS.
Durante este período, el MHCJS consolidó su programa editorial, una de las iniciativas más longevas y representativas de la institución. Desde principios de la década de 1980, la editorial del museo desarrolló un catálogo de más de cincuenta títulos que abordan temas como la Campaña Nacional, las identidades culturales de Alajuela y diversos aspectos de la historia local. También produjo libros infantiles y cómics orientados a públicos juveniles. Su primera publicación formal fue De nuestra historia patria: hechos militares y políticos (1981), del profesor Rafael Obregón Loría (1911–2000) (Ruiz-Siles, 2016).
La proyección cultural del MHCJS se amplió gracias a alianzas con representaciones diplomáticas extranjeras acreditadas en Costa Rica. Estas colaboraciones facilitaron la organización de exposiciones temporales, ciclos de cine, conciertos y encuentros académicos, fortaleciendo su alcance tanto en el ámbito nacional como internacional.
El compromiso sostenido del museo con la educación y la cultura fue reconocido por diversas
instancias académicas y organizaciones de la sociedad civil. Entre los principales galardones recibidos durante este período destacan el Premio Libertario Florencio del Castillo, otorgado en 1991 por la Fundación Pax Costarricensis, y el Premio Omar Dengo, conferido por la Universidad Nacional de Costa Rica en 1992, en reconocimiento a sus aportes significativos en los campos educativo y sociocultural (Aguilar-Piedra, 1995).
5.4. Gestación de un anhelo: extensión educativa y unificación de los edificios del antiguo Cuartel y Cárcel de Alajuela, 1999-2009
En 1999, al conmemorarse el vigésimo quinto aniversario del MHCJS, la institución se había consolidado como un referente en la vida cultural y educativa de Alajuela. Sin embargo, surgió la necesidad de ampliar su proyección territorial y fortalecer su alcance en comunidades más allá del centro urbano.
A partir de 1998 tomó forma un proyecto estratégico que marcaría un hito en la historia del museo: la unificación de los edificios del antiguo Cuartel y la Cárcel de Alajuela en un solo complejo cultural. Gracias a las gestiones del diputado Jorge Eduardo Soto Chavarría (conocido como Papo Soto), el Ministerio de Educación Pública —con el respaldo de la Junta Educativa del Colegio Técnico Profesional Jesús Ocaña Rojas— autorizó la transferencia del edificio del Cuartel, utilizado desde 1976 por el CIPET, al Ministerio de Cultura y Juventud. Las obras de adaptación iniciaron en 2005, lo que permitió duplicar la superficie útil del museo y ampliar sus capacidades expositivas, educativas y administrativas (Aguilar-Piedra, 2008).
De forma paralela, se impulsó el programa Ruta de los Héroes, en coordinación con el Ministerio de Educación Pública y bajo la dirección del ingeniero Juan Manuel Castro Alfaro. Esta iniciativa se propuso identificar y georreferenciar las rutas recorridas por el Ejército costarricense durante la Campaña Nacional de 1856–1857, así como los lugares donde se enfrentaron a las fuerzas filibusteras. Además de su valor investigativo, el proyecto tuvo un fuerte componente comunitario y educativo: se promovió la instalación de hitos conmemorativos en localidades vinculadas a la campaña, mediante alianzas con centros educativos y organizaciones comunales. Estas asumieron la construcción y el mantenimiento de los monumentos, así como el desarrollo de actividades formativas orientadas a estudiantes y docentes (Ruiz-Siles, 2016).
Figura 9. Delegación del MEP y el MHCJS navegando sobre el río Sarapiquí
Nota. Fotografía atribuida a Raúl Aguilar Piedra, ca. 2006–2007. Archivo Fotográfico del MHCJS.
Figura 10. Afiche institucional de visitas guiadas al MHCJS
Nota. Ilustración de Allan Núñez (cc. Nano), afiche del MHCJS para promover visitas guiadas, 2010. Archivo digital del MHCJS.
En este periodo, el museo también reforzó su labor académica mediante la publicación de obras especializadas sobre la Campaña Nacional, muchas de las cuales se han convertido en referencias obligadas en el estudio del tema. A ello se sumaron diversas actividades científicas, organizadas con la participación de especialistas nacionales e internacionales, en colaboración con las Escuelas de Historia de la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional (Molina-Jiménez, 2025).
5.5. Renovado espacio para la educación y las artes, 2010-2019
En mayo de 2010 se inauguró la ampliación del MHCJS, fortaleciendo su vínculo con el centro histórico de Alajuela y consolidando su papel como plataforma de formación ciudadana. Esta intervención multiplicó su capacidad física y redefinió su perfil como espacio cultural activo, orientado al arte, la educación y la participación comunitaria.
En 2012, la construcción de la Plaza Francisca Carrasco Jiménez, ubicada en el inmueble del antiguo Cuartel de Alajuela, potenció el uso del espacio público para conciertos, ferias y espectáculos populares. En 2013 se inauguró la exposición permanente Caminos de Libertad, que integró objetos históricos con recursos museográficos contemporáneos, orientados a la divulgación accesible del legado de la Campaña Nacional de 1856–1857.
Asimismo, durante esta década, el museo impulsó iniciativas lúdicas y educativas de proyección nacional, como las caminatas Sobre los pasos de nuestros héroes y el programa de capacitación docente Ruta de los Héroes, desarrollados en coordinación con el Ministerio de Educación Pública y organizaciones comunales. Estas propuestas articularon memoria histórica y apropiación territorial mediante enfoques participativos y metodologías de mediación didáctica activas (Ruiz-Siles, 2016).
Figura 11. Avances en la construcción de la Plaza Francisca Carrasco Jiménez en el MHCJS
Nota. Fotografía atribuida a Priscila Alfaro Segura, 10 de mayo de 2011. Archivo Fotográfico del MHCJS.
A partir de 2014, el MHCJS amplió su presencia extramuros con representaciones teatrales y
funciones de cuentacuentos en comunidades fuera del Gran Área Metropolitana. Estas actividades se desarrollaron en un entorno cultural más amplio en la ciudad, donde también la Asociación Cultural Alajuela Ciudad Palabra venía promoviendo la narración oral y la literatura como medios de encuentro comunitario. De manera complementaria, en 2016 y 2018 el museo organizó dos Simposios
Internacionales de Historia Centroamericana, con participación de investigadores de la región y la publicación de obras colectivas centradas en el Bicentenario de las Independencias
(Molina-Jiménez, 2025).
El fortalecimiento institucional también se reflejó en la consolidación de alianzas con universidades
y entidades culturales. Destacan la Universidad de Costa Rica (particularmente la Sede Interuniversitaria de Alajuela), la Universidad Técnica Nacional, el CIHAC-UCR y diversas instancias del Ministerio de Cultura y Juventud. Estas sinergias permitieron el desarrollo de programas como Música en el Museo, junto a la Banda Nacional de Conciertos de Alajuela, y Jóvenes & Música, en colaboración con el SINEM, orientados a la formación artística y la inclusión de nuevos públicos.
Entre 2016 y 2017 se restauraron los murales de la antigua Comisaría de Alajuela, realizados por el artista Antonio Ugalde Álvarez (1920–1978), y se implementó un sistema de climatización para la conservación de las colecciones. Con estas intervenciones culminó la integración arquitectónica de los edificios del antiguo Cuartel y la Cárcel, iniciada una década atrás.
5.6. 50 años de historia: Expansión y consolidación del MHCJS, 2020-2024
Entre 2020 y 2024, el MHCJS desarrolló una etapa de consolidación institucional y crecimiento sostenido. Con miras a la conmemoración de su 50º aniversario, fortaleció su papel en el ámbito cultural y educativo costarricense mediante acciones orientadas a ampliar su alcance territorial, diversificar su oferta programática y garantizar un acceso equitativo al conocimiento histórico (Cabrera-Geserick, 2025).
La pandemia por COVID-19, iniciada en 2020, representó un punto de inflexión en su gestión y proyección institucional. El museo respondió al contexto mediante una estrategia de digitalización que facilitó la difusión de contenidos a través de redes sociales y un sitio web renovado. Esta transformación mantuvo el vínculo con distintos públicos, ofreciendo materiales educativos y recursos audiovisuales centrados en la Campaña Nacional de 1856–1857. Además, se promovió la divulgación científica de las excavaciones arqueológicas en La Trinidad de Sarapiquí —un sitio clave de esa gesta— mediante charlas virtuales, publicaciones y exposiciones itinerantes en colaboración con instituciones académicas y culturales (Garita-Mondragón, 2021).
En 2021, con la reapertura progresiva de los espacios culturales, el museo reactivó su programación presencial mediante exposiciones temporales en alianza con artistas e instituciones. Ese mismo año se lanzó el espacio digital Memorias, destinado a la difusión educativa mediante testimonios, entrevistas y recursos audiovisuales. Paralelamente, fortaleció su presencia en comunidades fuera del Gran Área Metropolitana mediante una red creciente de exposiciones itinerantes.
Durante 2022, la reinauguración de la Librería Luis Ferrero Acosta representó un hito en el fortalecimiento de la dimensión editorial del museo. Este espacio renovado no solo facilitó el acceso a publicaciones especializadas en formato físico y digital, sino que también amplió la visibilidad de investigaciones históricas, obras literarias y materiales de divulgación producidos por el MHCJS. Su reapertura consolidó al museo como un centro de referencia para el fomento de la lectura, la distribución del conocimiento patrimonial y la creación de redes entre autores, investigadores y lectores.
Figura 12. Actividad artística en el MHCJS
Nota. Fotografía de K. Yoela Rodríguez Solórzano, 15 de abril de 2023. Archivo Fotográfico del MHCJS.
Desde 2023, el MHCJS impulsó una fase de expansión sostenida a través de múltiples iniciativas institucionales. Se habilitaron nuevos espacios expositivos en sus instalaciones, se amplió y diversificó la programación cultural con propuestas inclusivas dirigidas a juventudes, comunidades rurales y sectores en situación de vulnerabilidad, y se fortaleció la circulación nacional de exposiciones itinerantes. La Feria del Libro El Héroe se consolidó como un evento anual para la promoción de la lectura, el patrimonio bibliográfico y el diálogo histórico. Estas acciones reforzaron el trabajo conjunto con gobiernos locales y sectores empresariales, generando alianzas estratégicas que se complementaron con la incorporación del museo al Plan Nacional de Desarrollo e Inversión Pública (2023–2026).
En 2024, el MHCJS celebró su cincuentenario reafirmando su vocación como espacio público orientado a la educación, la memoria y la participación ciudadana. Con más de 200 actividades anuales y una afluencia promedio superior a las 60.000 personas, el museo se proyectó como una institución dinámica y comprometida con la democratización del conocimiento histórico, la inclusión social y el fortalecimiento de una ciudadanía históricamente informada.
6. Conclusión. El MHCJS y la gestión cultural: memorias, identidades y proyección hacia el futuro
El Museo Histórico Cultural Juan Santamaría ha logrado consolidarse como una institución clave dentro del entramado cultural y patrimonial de Costa Rica, desempeñando un rol fundamental en la gestión integral del patrimonio histórico y cultural nacional. Su trayectoria entre 1974 y 2024 evidencia cómo un espacio originalmente asociado al control y al castigo se transformó en un epicentro de educación, memoria y cultura, articulando procesos que trascienden la custodia de objetos para convertirse en motor de identidades y memorias colectivas.
La dimensión de la conservación se ha expresado en la protección y restauración de bienes materiales, así como en la recuperación y salvaguardia de prácticas culturales inmateriales. Este esfuerzo interdisciplinario ha permitido mantener viva la memoria de la Campaña Nacional de 1856–1857 y de la historia alajuelense, garantizando que las colecciones, obras pictóricas y documentos históricos permanezcan accesibles y relevantes para las nuevas generaciones.
En el ámbito educativo, el museo ha diseñado estrategias pedagógicas diversas que vinculan el conocimiento académico con las experiencias culturales y sociales de la comunidad. Exposiciones interactivas, programas escolares y actividades de mediación han facilitado un aprendizaje activo y participativo, fortaleciendo el diálogo intergeneracional y la apropiación crítica de la historia nacional.
La participación comunitaria se ha consolidado como un eje medular de su gestión. A través de proyectos colaborativos, investigaciones ciudadanas y actividades culturales, el MHCJS ha promovido la resignificación del patrimonio como recurso vivo, contribuyendo a la democracia cultural y a la inclusión de múltiples voces en la construcción de memorias colectivas. Este modelo participativo ha fortalecido el sentido de pertenencia y la apropiación social del patrimonio, evitando que se reduzca a una conservación pasiva.
Finalmente, la innovación y sostenibilidad han asegurado la proyección futura del museo. La digitalización de archivos, la modernización de plataformas virtuales y la diversificación de fuentes de financiamiento han ampliado su alcance y su impacto. La incorporación de tecnologías digitales ha facilitado nuevas formas de interacción y mediación cultural, mientras que las alianzas público-privadas han garantizado la continuidad de sus programas y servicios en un contexto de cambio constante.
En síntesis, el MHCJS se erige como un espacio dinámico de diálogo, memoria y apropiación cultural. Su gestión integral articula conservación, educación, participación e innovación, constituyendo un referente de cómo el patrimonio puede ser un motor activo para la construcción de identidades y el desarrollo social. La consolidación y expansión del museo representan no solo un logro institucional, sino también una apuesta estratégica para fortalecer el tejido cultural y social costarricense, proyectando sus valores y memorias hacia las futuras generaciones y asegurando que la historia y la cultura se mantengan vivas, significativas y accesibles para toda la ciudadanía.
Nota. Fotografía de K. Yoela Rodríguez Solórzano, 2024. Archivo Fotográfico del MHCJS.
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Artículo arbitrado, sección CIENCIAS AFINES