Revista del Archivo Nacional de Costa Rica

A la búsqueda de fuentes de información para la historia económica en el 20501

Issues with Information Sources Facing Economic Historians in 2050

Resumen. El desarrollo de nuevos instrumentos para registrar, procesar y ordenar información de carácter histórico socio-económico y demográfico, ofrece grandes oportunidades para que continúe el avance la investigación histórica, actividad que ha tenido su mayor crecimiento en los últimos 50 años. A esas oportunidades se suman también retos para los historiadores respecto a cómo mantener abiertas las puertas a los sitios donde se comienza a concentrar la enorme cantidad de datos digitalizados, que ya no se asemejan mucho a los archivos tradicionales. Anteriormente, el historiador pasaba años hurgando en los archivos – a menudo documento por documento – en búsqueda de las pistas que lo conducían a ofrecer nuevas interpretaciones a los hechos, o a corregir o ampliar viejos enfoques. Este trabajo esboza algunas ideas sobre lo que el futuro –propuesto hacia 2050 - le puede deparar al investigador, al trabajar en un entorno en rápida evolución. Se tomarán a manera de ejemplo, dos temas de estudio: uno se refiere a los efectos económicos de largo plazo de la pandemia Covid. El otro trata sobre los avances hechos en la economía para alcanzar una sostenibilidad ambiental. En cada caso se analizan posibles áreas de problema, relacionadas con identificar y utilizar fuentes de información, con los métodos para poder interpretar los datos y otras maneras de manejar el masivo crecimiento de la información cuantitativa.

Palabras clave. Historia, Historia económica, Futura demanda a archivos, Perspectivas para manejo de información cuantitativa

ABSTRACT. The development of new instruments for registering, processing and ordering socio economic and demographic information of a historical nature, provides major opportunities for historical research, which has shown major advances in the last 50 years. However, it also poses challenges to historians regarding keeping open access to those sites which house enormous amounts of digital data, which will no longer look like the traditional archives. Previously, historians would spend years looking through archives -often document by document - seeking clues that would lead them to new interpretations or to correct or improve on existing ones. This article attempts to explore some ideas regarding what the future - 2050 - could hold for historians - especially economic historians- given the rapid changes that are expected to occur. Taking as examples, the effects of the on-going COVID pandemic and the challenges of climate change, on long-term economic and environmental sustainability, possible issues concerning the identification and access to information sources, and how to order and analyze the massive increase in available quantitative data.

Keywords. History, Economic History, Archival future demand, Prospects for handling quantitative data.

1. Introducción

Existe una forma de hacer historia, en particular aquella relacionada con los temas de población y crecimiento y desarrollo económico de Costa Rica desde finales de la época colonial hasta el presente, a cuya elaboración y difusión contribuyeron diversos investigadores activos desde mediados del siglo XIX. Esta historiografía fue muy enriquecida posteriormente, especialmente durante las últimas décadas del siglo XX e inicios del XXI, al contar los historiadores con amplias fuentes de información en archivos y bibliotecas y al construirse las primeras series de datos estadísticos a partir de la década de 1880. Los últimos estudios realizados sobre la historiografía nacional en los campos mencionados, muestran un constante avance en el estudio de la economía y demografía hasta el presente. Este logro fue en gran parte posible, debido a la gran cantidad de material existente en archivos históricos públicos y privados, que a lo largo de las décadas fue sistematizado y catalogado, para facilitar grandemente la labor del historiador. Las condiciones para la captura de información económica y demográfica, no son, sin embargo, estáticas y grandes cambios se han introducido en particular desde 1990, con la introducción del uso generalizado de computadoras y la digitalización de información que éstas han hecho posible.

Imaginemos entonces, a un historiador que dentro de 30 años (¿?) decide emprender un estudio de historia económica, donde sus apreciaciones de orden cualitativo sobre los hechos estudiados necesita sustentarlas con información histórico-económica cuantitativa. Es decir, que requiere de fuentes de información que contengan series de estadísticas históricas comparables y de largo plazo para las variables que va a estudiar.

2. Los objetivos del estudio

2.1. Nos encontramos en el año 2050

Digamos que se desea analizar la economía enfatizando dos fenómenos de cambio importante respecto al inicio del siglo XXI. El primer objetivo es el de medir el impacto en el largo plazo de la pandemia de 2020-2021 sobre la economía de Costa Rica. El segundo es evaluar los cambios introducidos en la economía del país para alcanzar las metas de sustentabilidad ambiental hacia el año 2050. Ambos objetivos se complementan al presentar una visión de desarrollo económico de largo plazo, que a su vez construya institucionalidad para enfrentar los problemas generados por el cambio climático a nivel regional y mundial.

Para ello, decide proponer como objetivo de estudio el periodo 2000-2050, y medir el desempeño de la economía tanto veinte años antes como treinta años después del suceso de la pandemia. Este periodo corresponde igualmente al de la firma por el país del Acuerdo de Escazú2; importante tratado latinoamericano dirigido a garantizar el acceso a las personas a información que facilite participar en la toma de decisiones sobre asuntos ambientales que afectarán de manera significativa sus vidas futuras.

Por las características de la pandemia, que, en el corto espacio de dos años, produjo un gran impacto sanitario-demográfico al producir un millón de enfermos y siete mil decesos, los aspectos a estudiar incluyen, efectos sobre el crecimiento de la población total y por grupos de edad, y sobre el nivel de vida de la población. El estudio debe entonces, analizar cambios en los ingresos de las personas, variaciones en las formas de consumo de la población, y en particular verificar cuáles efectos tuvo la pandemia en el empleo total y por tipos de ocupación en la población económica activa, y por último su efecto en la distribución del ingreso por estratos.

En cuanto al segundo objetivo del estudio, está dirigido a definir el grado en el cual la economía, ha logrado introducir de manera sostenible cambios en las políticas para estimular a los sistemas de producción y consumo a reducir los gases invernadero y a utilizar tecnologías “limpias”, bajo el impulso de una fuerte participación ciudadana. Al fomentar una economía más “verde”, esto permitirá al país defender su soberanía en el plano internacional, así como a contribuir al bienestar de largo plazo de su población y del resto del mundo. La medición de estos cambios debe realizarse tanto a nivel del país en su conjunto, como a nivel de las regiones que lo forman, para entender mejor las metas alcanzadas y cuáles problemas locales-regionales deben resolverse para lograr ser una economía ambientalmente sustentable.

3. Las fuentes de información económica-ambiental

Definidos los objetivos, corresponde identificar las fuentes de información que suministran las series de datos, con los que se evaluará el desempeño económico y ambiental del país entre 2000 y 2050. ¿Cuáles son esos datos? Principalmente son datos demográficos y socio-económicos, datos de valor de la producción nacional y regional, y datos sobre el uso de tecnologías “limpias” y el monitoreo del impacto ambiental a nivel nacional y regional.

Afortunadamente, el investigador cuenta a la hora de comenzar su estudio con cinco censos de población, correspondientes a los años 2000, 2011, 2022, 2032 y 2042 (este último recién publicado). Estos contienen datos comparables sobre la población total, su distribución en el territorio, la ocupación por sectores y subsectores económicos. Cuenta el historiador, además, con series de datos socio-económicos iniciados en la década de 1970 con la Encuesta de Hogares e Ingresos, que aporta datos trimestrales continuos sobre variaciones en el empleo e ingresos, las cuales permiten no solo medir el resultado de cambios de escala nacional, sino afinar el análisis hasta el nivel sub-nacional, gracias a que a partir de 2022 las mismas ofrecen una distribución de los datos por regiones y subregiones3.

El estudio toma como punto de partida el hecho que las instituciones estatales, las universidades y centros privados de investigación han producido numerosos artículos y libros sobre políticas socio-económicas-ambientales aplicadas durante los cincuenta años del estudio. Estos se encuentran en depositarios digitales de bibliotecas públicas y en el Archivo Nacional y los demás archivos del Sistema Nacional de Archivos. Al encontrase en formato digital, esto facilita la investigación. Claro, bajo las políticas de información y de licencia actuales, existen limitaciones al acceso gratis a los documentos, lo que obliga a incluir en el presupuesto de investigación una cantidad importante de recursos para pagar a las entidades (a menudo externas), que ahora dominan esos derechos.

Afortunadamente, existe para el investigador un valioso acervo estadístico formado por los datos básicos que condujeron a la formulación y aprobación de las políticas durante el periodo. Este lo han constituido las instituciones públicas que integran los tres poderes de la república, ahora afortunadamente reducidas a unas doscientas, gracias a la gradual eliminación de entidades que se han cerrado debido a que duplicaban funciones con otras, o que en el caso de las municipalidades, desde 2030 han sido racionalmente reunidas en solo 25 entes, los cuales han cumplido con los lineamientos del Archivo Nacional, para sistematizar los documentos que genera cada una y que han sido declaradas con valor histórico o cultural. Informes anuales de actividad, actas de juntas directivas, estadísticas de ingresos y gastos, y estudios de impacto de políticas forman esta riqueza documental. Este enorme acervo de datos de toda naturaleza, que sirvieron para la toma de decisiones o para hacer operativas las leyes aprobadas, se encuentran al alcance del historiador gracias a que están debidamente digitalizadas y disponibles en la nube.

Un conjunto de documentación estadística básica para el análisis económico macro-económico de largo plazo, son las cuentas nacionales (estimaciones del Producto Interno Bruto o PIB) que tradicionalmente fueron elaboradas por el Banco Central, inclusive con la innovación de a partir de 2020 de introducir la contabilidad “verde”, pero que, con la desaparición del Banco al cambiarse el sistema monetario nacional, para utilizar una divisa internacional, este dejó de producir dichas estadísticas.

Actualmente las cifras de cuentas nacionales, como en el resto del mundo son elaboradas por el Fondo Monetario Internacional, por la amplia capacidad que tiene de recolectar datos de todos los países y guardarlos en forma digital. Aunque la recolección de los datos básicos utilizados para elaborar las cuentas continua, debido a la gran cantidad de datos que a nivel mundial maneja el FMI, ya en el país no se elaboran cuentas subnacionales (por regiones), como había comenzado a hacer el Banco Central. Esto para el analista, dificulta identificar datos para hacer el análisis a nivel subnacional del PIB, pero existen otras fuentes públicas, que han almacenado sus series de datos en la nube, las cuales pueden suplir en principio esa deficiencia.

Ministerios de Gobierno como de Ambiente (que reunió a los anteriores de Recursos Naturales y Agricultura) Infraestructura (fusión de los de Transportes y Obras públicas y Telecomunicaciones), de Producción y Tecnología (fusión de Ciencia y Tecnología, Economía, Industria y zonas francas) y de Servicios Económicos (fusión de banca, seguros, comercio), todos mantienen en sus archivos centrales, además de memorias anuales de sus actividades y legislación que compete a cada una, también bases de los datos de series estadísticas generadas, debidamente digitalizadas4. El investigador, sin embargo, para tener acceso a las series de datos anuales de más de 20 años de antiguedad, necesita recurrir al propio Archivo Nacional. Para ello, este órgano, a partir de la profunda re-estructuración del estado de 2030, debió asumir la tarea de recopilar de manera sistemática las series estadísticas nacionales, generadas por los ministerios.

Pero, además de los archivos de entes de naturaleza pública, el investigador necesita tener acceso a fuentes sobre actividades de naturaleza privada, como son datos de producción de empresas importantes, y las transacciones de compra y venta de propiedades, empresas, etc. Estos archivos con información privada son fundamentales para entender como opera la economía a nivel microeconómico, es decir a nivel de empresas, sean estas de servicios (el 80% actualmente), industriales, agroforestales o incluso las pocas que quedan de origen agropecuario (debido a que la mayoría de esos productos se importan). Las empresas privadas generan actas de sus directivas y en particular registran contablemente todas sus operaciones en forma digital, en particular sus balances y estados de ingresos y gastos. Si bien las corporaciones deben publicar sus resultados, estos se ofrecen en forma consolidada por periodo, los detalles de sus operaciones, como la información contable y la correspondencia son documentos privados, por lo que no están normalmente disponibles a investigadores. Estos tienen que conformarse entonces para hacer sus estudios microeconómicos con información consolidada general.

Aunque la privacidad en los negocios siempre ha existido, el investigador contemporáneo que enfoca asuntos micro-económicos, debe añorar del pasado, cuando ocasionalmente se encontraban en algún depósito o biblioteca privada, los viejos libros contables de alguna empresa largamente desaparecida, pero que dejaban constancia en esos libros de información valiosa sobre su propia actividad económica, en cuyo comportamiento económico, los estudiosos podían extrapolar a otros actores similares que participaban en el mercado. De ese tipo de “archivos privados”, el investigador está consciente que existen muy pocos sobrevivientes, pues a pesar de intentos aislados de salvaguardar los libros originales, hoy son utilizados más como objetos de colección que de estudio económico.

4. Tipos de estudio a realizar: Macro-económico y micro-económico

En la investigación de carácter histórico-económico, han predominado los estudios de carácter general (macroeconómicos), donde los resultados se basan sobre estadísticas de carácter sectorial o nacional. La escasez de datos estadísticos sistematizados antes de la década de 1950, significó que solo se podía contar inicialmente con series de comercio exterior y de hacienda (gasto e ingresos del Gobierno), lo cual limitaba la validez de los resultados del análisis a esos sectores. Los estudios realizados a partir de la década de 1950, cuando se comenzaron a publicar las cuentas nacionales (PIB), permitieron identificar cambios económicos de largo plazo del país, que cubrían a aquellas actividades o sectores (agricultura, industria, servicios) que contribuían al crecimiento económico, y también, permitieron comenzar a cuantificar los factores de producción utilizados (capital, mano de obra, tecnología, tierra). Para realizar dichos estudios se recurrió a estadísticas económicas que reflejaran cambios económicos importantes, como las cuentas nacionales. Esta información cuantitativa fue producto de amplias agregaciones de datos de fuentes diversas y el análisis resultante a construirse sobre datos que resultan de promediar series estadísticas que se desglosan por grandes sectores (industria, agrícola, comercio, transporte).

Estos estudios de enfoque macro, sin embargo, reflejan poco sobre como fue que se desarrollaron las relaciones económicas entre empresas y empresarios en el nivel nacional o sectorial, o explican su ubicación geográfica, y menos aún alcanzan a individualizar el funcionamiento de las empresas y la lógica de su operación. Trabajos de principios del periodo de estudio (Peters, 1994, Gudmundson, 2002, Castillo 2004), y otros, se destacaron por ofrecer una primera identificación de quiénes fueron empresarios en actividades de café, ganadería, caña, y luego, sobre esa hicieron el análisis de las empresas. Para ello utilizaron una combinación de fuentes primarias documentales y secundarias como protocolos.

Para progresivamente acercarse a identificar características de los empresarios (industriales, agrícolas, turismo, etc.), se necesita analizar a mayor profundidad el comportamiento empresarial, para tomar en cuenta los factores que condicionaron el entorno económico, y por tanto ayudan a explicar el desempeño del empresario. La función del empresariado es entonces, central para explicar el desarrollo de la historia de los negocios, y por tanto el desarrollo a nivel microeconómico de mercados, de sectores y eventualmente cómo estos influyen sobre la economía en su conjunto.5 ¡Sin embargo, qué poco se conoce sobre ese actor tan prominente, que es el empresario!

Por la naturaleza del negocio de los empresarios y comerciantes, donde la información sobre mercados y precios de bienes es crucial para permitir la obtención de ganancias, dicha información casi nunca se hace pública en el momento que se toman decisiones. En negocios estructurados, como pueden ser compañías que reúnen a varios socios, sus juntas directivas deliberan sobre las decisiones económicas y en las actas se indican los acuerdos tomados, pero por lo general las razones para dichos acuerdos no quedan explícitas. En el entorno costarricense, el número de empresas formales, que documentan por medio de actas y estados financieros en forma pública son pocas; la gran mayoría se limita a llevar una contabilidad por razones tanto de control interno como fiscal; otra documentación como correspondencia de negocios, por lo general no se conserva en archivos y es descartada. En las últimas décadas, con la introducción de medios digitales, la documentación a nivel de las empresas ha ido pasando del papel a la “nube”, pero el acceso a estas a futuro por los historiadores económicos, es poco probable.

Por ello, se propone desarrollar fuentes relativamente poco exploradas y explotadas hasta ahora en Costa Rica, como son los archivos de empresas, libros de contabilidad, correspondencia de negocios y otros similares.

Si el investigador, como primer paso se dirige al Archivo Nacional, principal depositario de la documentación nacional pública y privada, encontrará que en su gran mayoría es de carácter oficial. Hacia el 2020, el ANCR registraba en su catálogo 15 entradas en los llamado Fondos Particulares, pero solo unas pocas contienen información de utilidad directa al futuro historiador económico. Los fondos en el Archivo, comprenden una colección de gran valor que fue base para al menos una o varias historias empresariales relativas a la familia Rohrmoser, la cual contiene para los años de 1896 a 1964, libros de contabilidad y de
cosechas de sus fincas cafetaleras, beneficios y comercio, así como sobre la posterior urbanización de las fincas, realizadas por esa familia6. Otras fuentes son libros de
contabilidad pertenecientes al Banco Anglo Costarricense y en especial al Banco de Costa Rica, con potencial para ser explotados, para estudiar en detalle a esas empresas. Sin embargo, estas fuentes corresponden a final de siglo XIX y al siglo XX, periodos muy anteriores a los que necesita estudiar el investigador. Se conocen algunas colecciones o bibliotecas privadas donde existen materiales útiles para hacer estudios de empresarios. Un ejemplo, es la colección de documentos de don Cleto González Víquez que contiene correspondencia de Basilio Carrillo de carácter comercial, así como documentos comerciales7. Otra biblioteca privada contiene un número importante de libros de contabilidad (50) y también libros de documentos de negocios que se realizaron entre 1879 y 1986, de una docena de empresas de variada naturaleza, incluyendo un banco, empresas comerciales y fincas cafetaleras8.

Los casos mencionados, donde material cuantitativo se encuentra asociado a empresas individuales, en particular libros contables, son muy pocos, en relación a la gran cantidad de estos que las empresas han producido en Costa Rica, al menos desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el presente. Deben haberse elaborado varios miles de estos libros en el último siglo y medio más o menos, pero ¿cuántos de estos sobreviven y adónde se encuentran? Esta es una la pregunta, ¡que, de antemano se sabe que no ha encontrado aún una respuesta institucional! Nuestro investigador enfrenta entonces, como un primer obstáculo significativo, la relativa escasez de información sobre el funcionamiento de empresas en archivos públicos y bibliotecas privadas.

Para el investigador de 2050, habría sido de enorme importancia, que el país hubiera emprendido desde décadas anteriores actividades para identificar y preservar antiguas fuentes de datos empresariales. Si este es el panorama actual, ¿Qué se puede hacer para crear condiciones para que documentación privada sobre las operaciones de empresarios de hace 50 años, o hace un siglo, que necesita el historiador para hacer su estudio, sean conservadas?

Una tarea indispensable al plantear nuevos estudios de empresas, es ubicar y buscar la conservación de archivos de empresas con información cuantitativa que sirva para caracterizar la manera como se desarrollaron sus negocios. La mayor parte de las referencias a documentos privados ha sido hasta ahora, casual o anecdótica. Pero la búsqueda del tipo de materiales indicados anteriormente, requiere de un proceso sistemático para identificar y clasificar estos, y si es posible, depositarlas en alguna biblioteca especializada, y si eso no es posible, al menos escanear secciones relevantes para hacer bases de datos digitales accesibles a investigadores.

Para estimular a que en las próximas décadas sea factible crear tales bases de datos de empresas privadas, una primera medida en esa dirección, podría ser formar entre los investigadores de historia empresarial, un grupo que de manera informal identifique empresas o individuos que posean libros contables y correspondencia comercial, que estén dispuestos a cederlos o a que se copie su información para propósitos de investigación histórica. Obviamente, se trata de casos de empresas que ya cerraron o que puedan tener una larga trayectoria y estén dispuestos a ceder aquellos materiales que tiene al menos -digamos- unos 30 a 50 años de haberse elaborado.

Si se logra obtener respuesta del sector privado, lo siguiente sería interesar a una unidad académica, para realizar más sistemáticamente el acopio del material, como parte de una actividad de investigación auxiliar a proyectos sobre historia empresarial. Contar con un respaldo institucional, tendría también la ventaja que dicha institución pueda encargarse de recibir, registrar, guardar y poner en disponibilidad los materiales. Un tercer paso comprendería depositar los materiales ordenados y digitados en el Archivo Nacional.

La información respecto a las políticas ambientales y sus repercusiones en la economía enfrenta otros problemas. En primer lugar, el mayor número de estudios de carácter histórico sobre la situación ambiental, se originaron a nivel mundial solo después de 1980, y la recolección de estadísticas ambientales, todavía más tarde. En el país, estas fuentes se comenzaron a generar unos 20 años después, razón por la cual la documentación disponible para el investigador se encontraría para la primera mitad del periodo de su estudio será relativamente escasa.

Los centros de investigación especializados en aspectos ambientales, han encontrado afortunadamente que el tema en las últimas décadas no ha sido solo de interés internacional, sino que el Estado nacional ha destinado cada vez mayores recursos en estudios del impacto sobre el ambiente de inversiones productivas y de infraestructura, y se han generado series de datos recogidos por entes académicos como el Estado de la Nación, además de instituciones públicas como el Ministerio del Ambiente.

5. Sobre los datos conservados y su acceso

Vista la situación descrita, el investigador en el año 2050 enfrentará varios retos para poder realizar su estudio.

La investigación histórica se basa formalmente en un proceso de diseño de la investigación científica (IC), que comienza por definir una gran pregunta que el investigador desea estudiar, seguido de la revisión de literatura sobre el tema y las posibles teorías que se derivan, las cuales llevan a plantear objetivos e hipótesis, y establecer un método de análisis, que lo lleva a estudiar la información disponible y finalmente a arribar a conclusiones. Sin embargo, mucha de la investigación histórica no seguía este proceso sistemático, sino que partía del conocimiento previo adquirido por el investigador en un tema de interés, que, de manera intuitiva, y orientado por los trabajos previos de otros investigadores, buscaba en archivos y bibliotecas documentos y datos estadísticos, y ese material obtenido a menudo de manera fortuita, era el utilizado para el análisis, a menudo antes de tener una definición clara de objetivos.

Esta situación, le hará recordar al investigador anécdotas de viejos historiadores que hace muchos años todavía visitaban la sala de investigación del Archivo Nacional, para consultar documentos históricos para sus trabajos. Hace tres o más décadas la disponibilidad de documentos digitalizados era aún muy limitada. La posibilidad de consulta directa a los materiales originales fue disminuyendo ante el riesgo de daños a estos, por lo que, a los antiguos protocolos y otros, se planteó la opción en la década de 1970 de reproducirlos en microfilme. Para el investigador de entonces, ese “avance” técnico, sin embargo, se convirtió en una pesadilla, ya que buena parte de lo microfilmado era ilegible convirtiéndose más en un impedimento a su trabajo. Una innovación mucho más útil ocurrió después de 2020,
con el inició de digitalización de antiguos documentos. Este, sin embargo, enfrentó dificultades de orden económico, principalmente por el costo asociado a la monumental tarea de escanear cientos de miles de hojas, así como por el problema práctico de que la demanda estaba limitada a cierta parte del acervo, no a su totalidad, y por tanto, mucho
de este no sería consultado nunca.

Para el investigador del año 2050, en cambio, se le presenta una situación muy distinta al acercarse a las fuentes, para entonces ya altamente digitalizadas y con decenas o centenares de miles de documentos escaneados. Esto se debe a que desde el 2020, las estrategias del Archivo Nacional y del SNA, plantearon hacer uso de la tecnología de información y comunicación para depurar y digitalizar documentos seleccionados, facilitando así el acceso a la documentación catalogada como de valor científico y cultural9.

Uno de los retos principales que enfrentará el investigador entonces, será encontrar dentro de esa vasta cantidad de material, aquel que es pertinente para su estudio. El Archivo cuenta con programas de búsqueda sofisticados, que permiten discriminar por fondos y descriptores, pero desde 2020 muchos cambios han ocurrido, como la re-estructuración institucional mencionada que llevó a refundir a muchas instituciones, Los viejos fondos se basaron en el origen de la documentación según provinieran de una institución pública o privada, pero ese sistema para ser funcional en una investigación de largo plazo como la emprendida, tendría que contar con descriptores actualizados de los fondos, que sean mucho más amplios y basarse en criterios diferentes que permitan ubicar los documentos de manera más precisa. La búsqueda para ser eficiente en esta investigación, tendría que seguir un esquema más afín a los temas de asuntos económicos y asuntos de recursos naturales, que son centrales al estudio.

Debido a la facilidad con que se guardan digitalmente los datos básicos generados por una empresa pública o privada en su quehacer diario, la cantidad de esta que se guarde, a menos que haya pasado por algún tipo de proceso de selección, va a ser en cada caso gigantesca. El investigador puede entonces verse abrumado por la cantidad de material, y la dificultad se vuelve la “de hallar una aguja en un pajar”. Para evitar llegar a esto, se requiere que haya ocurrido un trabajo muy detallado para clasificar los documentos a escanear, ya que no todo documento tiene el mismo valor o conviene digitarse. El hecho de que se acumulara información en digital, tampoco garantizó que esta incluyera todos los documentos relevantes. Esto dependía de que las políticas nacionales de archivo, fueran cumplidas por las instituciones públicas – por ejemplo, la obligación de traspasar al Archivo Nacional cada cierto tiempo sus archivos históricos.

Las limitantes al investigador no terminan aquí, puesto que, con el paso del tiempo, por la rapidez con que evolucionó la economía digital, los programas con los cuales se construyeron las bases de datos se fueron haciendo obsoletos, y después de cierto número de años, aunque estuvieran físicamente en la “nube”, dejaron de ser legibles. Los documentos que se almacenen como actas de juntas directivas, tal vez igual fueron conservados y es posible acceder a ellos; pero todas aquellas comunicaciones internas de los trámites públicos y negocios hechas por correo electrónico o por WhatsApp u otro medio similar, que sabemos forman la base de las decisiones, difícilmente habrán sido incluidas. Igualmente, se puede haber perdido gran parte de la información económica privada, ahora casi toda almacenada digitalmente, pero sin respaldo impreso.

¿Cómo van a trabajar los historiadores económicos con bases de datos y documentos digitales en décadas futuras? Esto se vuelve un reto tanto para investigadores como para los rectores de los archivos nacionales. Es necesario analizar y tomar medidas a tiempo para evitar que desaparezca este tipo de materiales de investigación, sin duda tan importantes para la economía nacional y empresarial.

6. Referencias

Archivo Nacional (2010). Cuadro de clasificación del Archivo Histórico, Archivo Notarial y Archivo Intermedio. DGAN, Comisión de Descripción

Castillo Araya, Elizabeth (2004). El cantón de Turrialba en los primeros cincuenta años del siglo XX: las actividades de pobladores y el desarrollo de la agricultura, en: INTERSEDES (2004), vol. V, No. 7.

Gudmundson, Lowell (2002). Sobre las vías no elegidas: Capital comercial y producción cafetalera en el Valle central de Costa Rica (caso von Schroeter). Revista de Historia No 46, julio-diciembre 2002, pp. 149-184.

Peters, Gretrud (1994). Empresarios e historia del café en Costa Rica 1930-1950, en: Pérez-Brignoli, H. Y Samper, M. Tierra, café y sociedad: Ensayos sobre la historia agraria centroamericana. San José, FLACSO, pp. 495-58


2 CEPAL (2018). Acuerdo regional sobre el acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe. Entró en vigor en abril 2021.

3 Afortunadamente, para esta fecha la vieja división político-administrativa de provincias y cantones ya hacía tiempo que se había abandonado, y en lugar de las provincias creadas de manera poco racional en el siglo XIX, habían sido sustituidas formalmente por regiones socio-económicas.

4 Ejemplos de estos son las estadísticas de producción, exportación y precios y costos agropecuarios que el anterior Ministerio de Agricultura, comenzó a organizar desde 1971; o la base de datos de transportes y el depositario de documentos digitalizado que el anterior Ministerio de Transportes comenzó a organizar hacia 1990; ambas fuentes han sido continuadas por sus respectivos entes.

5 Wadhwani, R.D. y Lubinski C. Reinventing Entrepreneurial history. Business History Review

6 El Archivo histórico custodia el acervo “Rohrmoser Hermanos Limitada”, que comprende 121 libros y otros correspondientes a 5 fincas.

7 No. 42 Correspondencia de Basilio Carrillo con Braulio Carrillo, con José Rafael Gallegos y comerciantes de Guatemala ca. 1820-1830, y No. 58, Cuaderno de cargo y data de la Villa de Nicaragua 1825, y documentos comerciales (facturas, recibos, libranzas) de Basilio Carrillo (primeras tres décadas del siglo XIX).

8 Parte de ese material fue utilizado para realizar un estudio del Banco Herediano (1879-1885), así como para estudiar la operación de ciertas empresas entre 1880 y 1990. (Ver: Comercio y Mercados, vol. IV de la Historia Económica de Costa Rica en el siglo XX).

9 Archivo Nacional, Plan Estratégico del Archivo Nacional para el periodo 2019-2023, p 3.

1 Desarrollado a partir de una ponencia a la mesa de Historia Económica, Congreso Centroamericano de Historia el 21 de abril de 2021.

Dossier monográfico: Bicentenario de la Independencia de Costa Rica

Jorge León Sáenz

Máster en Economía por la Universidad de Wisconsin, Madison. Máster en Política Pública y Administración por la Universidad de Wisconsin, Madison. Comisión Nacional de Conmemoraciones Históricas. muleoni@ice.co.cr | COSTA RICA.

ISSN 2215-5600
Vol. 85, 2021: e534
Del 1 de enero al 31 de diciembre 2021
www.archivonacional.go.cr/RAN

Fecha de recepción: 30/07/2021

www.archivonacional.go.cr/RAN

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